¿Cuál es el pronóstico para los niños con tetralogía de Fallot?
La supervivencia de los niños con tetralogía de Fallot ha mejorado considerablemente. Si no tienen otros factores de riesgo, más del 95 % de los bebés con tetralogía de Fallot supera con éxito la cirugía durante el primer año de vida.
La mayoría de los bebés se encuentran bastante delicados durante los primeros días posteriores a la cirugía, ya que el ventrículo derecho está “rígido” debido al engrosamiento muscular previo y a que se hace una incisión en el músculo ventricular, lo que lo debilita de manera temporal.
Por lo general, este problema mejora de forma significativa durante los días posteriores a la cirugía. Los pacientes también pueden presentar problemas en el ritmo cardiaco después de la cirugía.
Puede producirse un ritmo acelerado anormal (llamado “taquicardia auriculoventricular”), y es probable que se necesite tratamiento con medicamentos o el uso temporal de un marcapasos. Este ritmo anormal suele ser temporal. Por lo general, el ritmo vuelve a la normalidad a medida que el ventrículo derecho se recupera.
Los pacientes también pueden presentar un ritmo cardiaco lento tras la cirugía debido a un bloqueo cardiaco. Este puede deberse a una lesión o inflamación (hinchazón) del sistema de conducción del corazón. En muchos pacientes, la conducción mejora y el ritmo normal vuelve. Rara vez, puede ser necesario un marcapasos permanente.
Dado que el procedimiento para reparar la tetralogía de Fallot permite restablecer la circulación normal, la función cardiaca a largo plazo suele ser excelente. En algunos pacientes, se logra conservar la válvula pulmonar, y estos no presentan problemas persistentes. Por desgracia, la mayoría de los pacientes sufre problemas. El más importante es la insuficiencia (reflujo) de la válvula pulmonar. Esto puede agrandar las cavidades derechas del corazón y limitar la actividad física, además de causar problemas del ritmo cardiaco y, en ocasiones, muerte súbita cardiaca. Es posible que aparezcan síntomas como fatiga (cansancio), en especial durante el ejercicio físico. En estos casos, por lo general, se recomienda reemplazar la válvula pulmonar en la adolescencia o en la juventud. En muchos casos, las válvulas pulmonares pueden reemplazarse por válvulas que se insertan por catéteres (por ejemplo, la válvula Melody), en lugar de mediante una cirugía. Este suele ser un procedimiento de bajo riesgo que permite que el corazón vuelva a reducirse, lo que puede mejorar la calidad de vida y la esperanza de vida del paciente. En general, estas válvulas pulmonares artificiales duran muchos años en pacientes adultos, pero se deben hacer controles de seguimiento continuos.
Los pacientes que se han hecho una reparación de la tetralogía de Fallot también pueden volver a presentar un estrechamiento en la zona de salida del ventrículo derecho o la ramificación (izquierda o derecha) de las arterias pulmonares, lo que provoca que el ventrículo derecho bombee a presiones anormalmente altas. Si estos problemas ocurren, puede ser necesario hacer otras cirugías para ensanchar aún más el tracto de salida o las arterias pulmonares. En ocasiones, el estrechamiento de las arterias pulmonares puede tratarse sin cirugía, mediante una dilatación con globo de los vasos durante el cateterismo cardiaco.
Un especialista en defectos cardiacos congénitos debe examinar de manera periódica (en general, una vez al año) a la mayoría de los pacientes con tetralogía reparada. Las visitas de seguimiento en la Clínica de Cardiología (Cardiology Clinic) suelen consistir en un examen físico (enlace solo disponible en inglés), un electrocardiograma y ecocardiogramas periódicos. Estas visitas también incluyen imágenes por resonancia magnética (IRM) cardiacas ocasionales, pruebas de esfuerzo físico y evaluaciones Holter a medida que el niño alcanza la adolescencia y la adultez. La mayoría de los pacientes adultos con tetralogía de Fallot han tenido una cirugía de reparación durante la infancia. Es muy importante hacer un seguimiento a largo plazo con un cardiólogo para detectar problemas recurrentes o nuevos lo más pronto posible.